¡La pasante y el pasante!

Alejandra y Gabriel, dos pasantes excepcionales

Alejandra y Gabriel, dos pasantes excepcionales

El año pasado quería escribir algo sobre la importancia de las pasantías en el área gastronómica. Para ese entonces, me pareció increíble que en la temporada navideña de 2013 y Día de Reyes 2014 no hubiésemos tenido ni un pasante.

Lo pensé porque en esas fechas es en la que un muchacho o una muchacha que esté comenzando tiene el chance de aprender más, debido al volumen de trabajo que se genera. Además, Diciembre es la oportunidad para conocer un aspecto sensible del mundo de la panadería venezolana: el proceso de elaboración del pan de jamón. Es la época en la que los volúmenes de producción aumentan exponencialmente y, con ellos, las compras, las horas de trabajo y la logística se hace más complicada.

Igualmente, en nuestra escuela hacemos, desde 2007, el Festival de Roscas de Reyes, que en los últimos dos años ha llegado a niveles que no imaginábamos cuando comenzamos a hacerlo.

Para un pasante, estos son momentos para aprender a llevar el esfuerzo físico al límite, de manejar la presión brutal que generan los clientes, de mantener una logística que permita rotar varias veces en el día y la noche la capacidad operativa de producción, y de planificar sobre la marcha según los inconvenientes que se van presentando. Todo esto, lamentablemente, no lo podemos enseñar en el salón de clase. ¡Esto hay que vivirlo! Para asimilarlo, procesarlo, entenderlo y disfrutarlo.

En esta temporada navideña de 2014 y de Reyes 2015, en IEPAN tuvimos el honor de contar con dos pasantes excepcionales, comprometidos tanto o más que nosotros mismos, que entendieron desde el primero hasta el último día de qué se trataba este asunto de hacer pan en serio.

Por esto, mis respetos para Alejandra González y Gabriel Cabrera. Ellos, sin duda, rebasaron nuestras expectativas e hicieron cosas que yo en mi época de pasante no hubiese hecho y que ningún pasante, en los 12 años de historia de la escuela, ha hecho.

La “Platanera” y “Perú”, como cariñosamente fueron bautizados estaban siempre dispuestos a hacer cualquier tipo de actividad, desde la más rutinaria y monótona hasta la más divertida y creativa, siempre con un “oído” como respuesta. Fueron varias las madrugadas que amanecieron, no solo haciendo panes, sino fregando bandej. Y al salir el Sol, no salían corriendo a sus casas, sino continuaban pegados hasta la hora que fuese necesaria.

Para mí fue sorprendente esa actitud, porque la mayoría de los muchachos que comienzan en este mundo pareciera que entran en él buscando más el flash de una cámara que el horno. Quieren ser reconocidos y no se les ve ni una quemada en los brazos (en estas temporadas, es lo común entre panaderos), porque es nuestro trabajo, es la responsabilidad de hacer todo lo que haya que hacer y hasta la hora que sea para terminar la producción.

Para eso nos pagan. Pero en el caso de Alejandra y Gabriel, fue por puro compromiso y amor por la escuela y eso lo agradeceremos eternamente. Se han ganado el respeto y la admiración de todos nosotros. No vinieron al mundo gastronómico por fashion sino a sudar la filipina y a echarle un camión.

¡Se les quiere y se les respeta!!!

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