Pan de media noche

Anoche, a las 12:05 am, salieron del horno estos hermosos pancitos de queso y papa.

Tanto tiempo sin hacer pan en casa, que no recuerdo la última vez que hice. Desde hace más de 11 años estoy sometido al rigor de un proceso de producción. Desde que tomé las riendas del IEPAN, poco a poco, dejé de hacer pan. No pienso en elaborar un pan, solo pienso en producir pan; me hice esclavo del proceso de producción, de las horas de fermentación, de los tiempos de horneado y de los horarios de venta y, sencillamente, dejé de hacerlo, como en mis inicios, por el simple disfrute.

Con la situación de escasez ruda de harina panadera que vivimos en Venezuela, en la escuela hemos dejado de producir pan para la venta, nuestra tiendita se quedó vacía. Luchamos hasta el último día por vender aunque fuese el golfeadomeloso, hasta que la realidad nos agarró, los pocos sacos de harina que conseguimos fueron reservados para los estudiantes. Ya no tenía la facilidad de extender la mano y tomar un campesino, o unas piñitas de anís, o llevarme a casa un pan integral.

Pues, como no todo es totalmente malo en la vida, esa situación me obligó a tomar un poco de harina, masa madre y algo de levadura para llevármela a mi casa y ¡zazzz!, encontré lo que de alguna manera se había ido quedando en este camino, ya en casa no tenía que producir pan, solo tenía que hacer pan.

Hacer pan en la casa me ha permitido volver a ser libre de los horarios y reglas que un proceso de producción y venta impone. Puedo comenzar cuando prefiera, puedo tomarme un descanso cuando me antoje, puedo decidir darle un poco más de fermentación a la masa y servirme un café, hasta puedo decidir no hacer pan; en fin, puedo y no debo.

Hacer pan en casa me ha permitido reencontrarme con el valor fundamental del pan como alimento esencial, poder hacer pan y no venderlo, sino alimentar a mi familia me da una sensación de plenitud. Esmás, me ha permitido la dicha de hacer un pan de sanduche para mi sonrisa de media luna María Eugenia, o prepararle un pan de hamburguesa a mi sol Juan Vicente, que mi lucerito Camila me diga que quiere ayudarme o amasar junto a mi estrellita Emilia, quien poco a poco, jugando, aprende este noble oficio.

Hacer pan en la casa me ha permitido reencontrarme con lo básico de este oficio, no dispongo de mayores equipos y utensilios, el rodillito es uno medio chimbón que tenía mi esposa guardado, al igual que la brochita, que está espelucada, la balanza no es digital, no tengo cortador de masa ni moldes, una bandejita chiquita y, de ñapa, me dio por hornear en un hornito Blac & Decker, chiquitico. Ah, bueno, y, por supuesto, cero amasadora.

Lo que no saben es cuánto he disfrutado este reencuentro con la libertad, la libertad de hacer pan y no de producir pan. Por eso, ahora, de vez en cuando, me da la media noche horneando y hasta me ha provocado echarles el cuento en este blog.

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